jueves, 25 de marzo de 2010

Siempre lo que aporta.



Un viejo acude a buscar a su nieto al colegio. Una madre sale del lugar diciendo a su hijo:
- ¡Niño descuidado, ve a lavarte las manos! ¡Es horrible tenerlas sucias!
El abuelo dice a su nieto:
- Muchachito, ve a laverte las manos: es muy bello tener las manos limpias.
Alejandro Jodorowsky

lunes, 22 de marzo de 2010

AISLAMIENTO EN COMUNIDAD


Quiero comenzar esta reflexión con un resumen del movimiento de la masa hoy en día. Por ejemplo, tenemos a cientos de miles de personas visitando YouTube, MySpace, Wikipedia, Facebook, Twiter, Hi5, Orkout, LinkedIn, tuenti y MSN.


Muchas de estas mismas miles de personas, revisan una y otra vez los videos del ya fallecido rey del POP Michael Jackson, o estan viendo a la Inglesa Susan Boyle realizando una interpretación magistral de “I dreamed a dream” del gran e inolvidable musical los misarables. O bien, viendo videos musicales de Lady Gaga, Armando Christian Pérez “El Pitbull”o de la inigualable Miley Cirus más conocida como “Hannah Montana”. Como tambien, puede ser que alguna que otra cancioncilla de algún concursante del programa American Idol.


Otro gran numero de estas personas, estan viendo peliculas como New Moon, o alguno de los fantasticos episodios de Harry Potter. O leyendolo en libros, ya que ni la literatura se ha escapado de la tendencia masiva entre los textos de Stephenie Meyer, J.K. Rowling, Dan Brown y por supuesto no podemos dejar afuera al difunto escritor sueco Stieg Larsson con su trilogía Millenium.


En fin, lo que intento mostrar, es que estamos gran parte de la comunidad globlal en estos pasatiempos, en los que utilizamos ese bien tan escaso, intentando tapar sentimientos de ansiedad, frustración, agotamiento y soledad. Es como que si no estamos en esta boragine del On-line, estamos pensando como llegare a fin de mes con las deudas, o incertos en una rutina que cuesta cada vez más quebrar entre la ocupación del tiempo y el hacer rendir el día.


Lo que veo y cada vez con mayor claridad, es que nos estamos aislando unos de otros como tambien de nosotros mismos y el sistema de entretenimiento On-line lo favorece, y nos guía en una inercia tan eficiente, que hasta hay alternativas pensadas para los más ariscos a las tendencias masivas. Alguien podría saltar y decir, ¡¡¡NUNCA EN LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD ESTUBIMOS MAS CONECTADOS QUE AHORA!!!. Y ¡Si!...., en mi juicio esa personas estaría en lo cierto. Pero la pregunta realmente es:


¿Conectados a qué? ¿Conectados con quien?


Tenemos la atención puesta en el mundo de “allá afuera”, ese “allá afuera” se ha convertido en nuestro referente y nos es muy dificil salir de eso. A mi personalmente me gusta, y hago muchas de las cosas que mencione al comienzo de estas lineas, pero la verdad, es que no me llena. Me deja un saborcillo a vacio, que solo me lo logro quitar una vez que me conecto con migo mismo y le permito a mi sentir expresarse. Esto lo hago mediante un metodo que se llama Focusing, que consiste en mantener la atención en el interior del cuerpo y notar como este se abre paso para expresarse. Realmente es enrriquecedor y pacifica el espiritu. Esto me hace acercarme a lo que realmente necesito y tambien a comprender un poco más a los demas. O cuando menos a darme el tiempo para tratar de entenderlos. Pero lo principal es que me ha ayudado a ser más aceptador, acepto de buena manera las cosas como bienen y no me siento resignandome, sino que me siento en paz frente a lo nuevo. Es un setimiento muy liberador.


En fin, escribi estas lineas, para hacer notar tres cosas; la primera, es que las tendencias de hoy en día las da el mercado y sus genios del marketing y la publicidad. Y como resultado de ello, muchas veces nos referimos a algo, sin darnos cuenta de que no son pensamientos propios. Sino que lo hacemos, de una manera mecanizada e inautentica y algunas veces brillantemente manipulada. Un ejemplo de esto fue el impacto de la candidatura de Barack Obama, nunca se había tenido espectativas tan altas de un presidente de los EEUU, pero tambien nunca se habían ocupado tantos medios de una manera tan habil. No se si Obama sera un gran presidente, creo que la historia se encargara de juzgarlo, pero que llegue a superar las espectativas de lo que su propaganda a nivel mundial causo lo dudo mucho. Bueno esto es un ejemplo nada más. Pero estemos atentos a lo que decimos, proviene de mi o es automatico por repetición.


Otro de los puntos, es que a pesar de que estamos muy conectados a la RED mundial, la conección con nuestra naturaleza se a distanciado y extraviado por tanta estimulación. Cuanto tiempo nos damos para estar con nosotros mismos. Para entendernos y captar nuestros sentimientos verdaderos. Cuales son los momentos del día que reservo para mi mismo, la conección con nosotros mismos, depende sobre todo de hacernos un espacio de tiempo para estar presentes, decirme a mi mismo “aquí estoy” y notar como estoy, lo que siento y como lo siento, darme tiempo para re-descubrirme, como se siente mi cuerpo por dentro, cuales son mis sentimientos.Y así poder re-encontrarme con mi naturaleza, para así despues ayudar a otros a encontrarse con la suya. Es solo un momento, pero un momento que hace una gran diferencia…

Testigo del ser

Ken Wilber nos lleva a trascender la dualidad en un sencillo ejercicio de contemplación, los animo a realizarlo...



   Ser un testigo del ser consciente puede prolongarse durante la vigilia, el sueño onírico y el sueño profundo. El Testigo se halla totalmente accesible en cualquier estado, incluyendo tu propio estado de consciencia de este mismo instante. Así que les voy a guiar hacia ese estado, utilizando lo que en Budismo se llama “instrucciones indicativas”. No voy a intentar conducirles a un estado de consciencia diferente, a un estado de consciencia alterado o a un estado diferente de lo común. Simplemente, voy a destacar algo que ya está ocurriendo en tu estado actual, presente y habitual.


   Así que comencemos por tomar consciencia del mundo que nos rodea. Mira al cielo, y simplemente relaja tu mente; deja que tu mente y el cielo se fundan. Observa las nubes que flotan. Toma nota de que esto no requiere de esfuerzo alguno de tu parte. Tu estado de consciencia actual -en el que flotan estas nubes- es algo muy simple, muy fácil, que no requiere de esfuerzo, espontáneo. Simplemente toma nota de que, sin mediar esfuerzo alguno, tomas consciencia de las nubes. Lo mismo ocurre con esos árboles, esas aves y esas rocas. En forma simple y sin esfuerzo, tomas conciencia de todos ellos.


   Observa ahora las sensaciones presentes en tu propio cuerpo. Puedes tomar consciencia de cualquier sensación corporal que se halle presente ahora: quizás la presión del mueble, quizás el calor en el abdomen, quizás una tensión en tu cuello. Sin embargo, aún si estas sensaciones fuesen de tensión, puedes tomar consciencia de ellas con facilidad. Estas sensaciones surgen en tu consciencia presente, y esa consciencia es muy simple, fácil, relajada, espontánea. Eres un testigo, sin esfuerzo y sin dificultad.


   Observa los pensamientos que surgen en tu mente. Puede que observes diversas imágenes, símbolos, conceptos, deseos, esperanzas y temores, todos los cuales surgen espontáneamente en tu consciencia. Surgen, permanecen unos instantes y luego se van. Estos pensamientos y sensaciones surgen en tu consciencia de este momento, y esa consciencia es muy simple, relajada y espontánea. Sin esfuerzo ni dificultad, eres un testigo de todo ello.


   Así que observa: puedes ver flotar las nubes porque no eres esas nubes, eres quien las está mirando. Puedes sentir sensaciones corporales porque no eres esas sensaciones: eres el testigo de esas sensaciones. Puedes ver cómo flotan los pensamientos porque tú no eres esos pensamientos -sino un testigo de su presencia-. En forma natural y espontánea, todas estas cosas surgen, por sí solas, en tu darte cuenta presente, sin que medie esfuerzo de tu parte.


   Y entonces, ¿quién eres tú? No eres los objetos de allá afuera, no eres las sensaciones, no eres los pensamientos -sin esfuerzo, eres un testigo de la presencia de todos éstos, de modo que no eres ellos. ¿Quién o qué eres tú?


   Dilo de este modo para ti mismo: tengo sensaciones, pero no soy esas sensaciones. ¿Quién soy? Tengo pensamientos, pero no soy esos pensamientos. ¿Quién soy? Tengo deseos, pero no soy esos deseos. ¿Quién soy?


   Así que retrocedes hacia la fuente de tu propia consciencia. Retrocedes hacia el Testigo, y descansas en el Testigo. No soy los objetos, no soy las sensaciones, no soy los deseos, no soy los pensamientos.


   Pero entonces, por lo general las personas cometen un gran error. Creen que, si descansan en el Testigo, van a ver algo o sentir algo, algo realmente exquisito y especial. Pero no verás nada. Si ves algo, se tratará simplemente de otro objeto: otra sensación, otro pensamiento, otra sensación, otra imagen. Sin embargo, todos éstos son objetos: no eres ninguno de éstos.


   No es así: mientras descansas en la realización del Testigo -no soy los objetos, no soy las sensaciones, no soy los pensamientos- todo lo que observarás es una sensación de libertad, una sensación de liberación, una sensación de alivio... alivio de la tremenda limitación que implica el identificarse con estas pequeñeces, pequeños objetos finitos, tu pequeño cuerpo, pequeña mente y pequeño ego, todos los cuales son objetos que pueden ser vistos y, por lo tanto, no son Aquél que ve, el verdadero Yo, el Testigo puro, aquél que realmente eres.


   Así que no verás nada en especial. Lo que surja está bien. Las nubes flotan en el cielo, las sensaciones flotan en el cuerpo, los pensamientos flotan en la mente -y, sin esfuerzo, tú eres testigo de todo esto-. Todo esto surge espontáneamente y sin esfuerzo en tu consciencia presente. Y esta consciencia que es testigo no es, en sí, nada específico que puedas ver. Es, simplemente, una gigantesca sensación de libertad -o de vacío puro- en el trasfondo. Y en ese vacío puro -que es lo que eres- surge el mundo entero de lo manifiesto. Tú eres esa libertad, esa apertura, ese vacío -y no alguna de las cosas que surgen de allí-.


   Descansando en ese atestiguar vacío, libre, fácil y carente de esfuerzo, observa que las nubes surgen en el amplio espacio de tu consciencia. Las nubes surgen en tu interior -tan así es que puedes saborear las nubes, eres uno con las nubes-. Es como si estuviesen a este lado de tu piel... están tan cerca. El cielo y tu consciencia se han vuelto uno solo, y todas las cosas en el cielo flotan sin esfuerzo a través de tu propia consciencia. Puedes besar al sol, tragarte la montaña... están así de cercanos. El Zen dice, “Tómate el Océano Pacífico de un solo trago”, y eso es lo más fácil de hacer cuando adentro y afuera ya no son dos, cuando sujeto y objeto no son dos, cuando el que mira y lo mirado son Un Solo Sabor Único. ¿Lo ves?

viernes, 19 de marzo de 2010

Tendencia de Mercado versus Autenticidad.


Lo que nos hace únicos tal vez no nos hace bellos, pero si nos regala la gracia. Al hacer memoria y recordar a artistas gráficos tipo Van Gogh, puedo ver que sus pinturas son únicas y muy especiales, el tiene una visión única de las cosas. Muchas personas se sienten atraídas a este artista…pero…de nuevo la alarma de la autenticidad..., no porque este halla sido sea genial, los demás lo deben imitar para ser reconocidos, queridos y aceptados.

Así es como se generan las tendencias. Los críticos de arte en su gran mayoría, solo hablan del ajuste a las tendencias y no de otra cosa (salvo algunos más aventurados y se atreven a apreciar lo nuevo y valioso). En cierta medidad son los responsables del arte serial, de mercado o arte decorativo. 

La belleza de la autenticidad en el arte es lo que hace única a una obra, es el sello personal que se adjunta un tipo de expresión creativa. Es la mirada de la Mona lisa de Leonardo, Gernika de Picasso, el David de Miguel Ángel, La noche estrellada de Van Gogh, el drama literario-símbolico de las obras Shakespeare y Cervantes, el ritmo del Rock’n roll de Elvis y su bibrato de voz al igual que Sandro (el gitano), la inocencia rebelde de los Beatles, los sensuales movimientos de cadera de Shakira, como también, lo rokero-andino de los jaivas, la irreverencia metaforica de Joaquin Sabina, la puesta en escena de Tim Burton…, etc,etc,etc. Y así continua la lista, espero no ponerme muy rebuscado… En cierto modo lo que quiero decir aquí es que los verdaderos artistas trabajan con su autenticidad y no con el mercado, cuando el mercado los compra y manosea su originalidad la belleza de su arte se marchita convirtiendose en una mala replica de lo que fue.

jueves, 18 de marzo de 2010

LA AUTENTICIDAD Y LAS TENDENCIAS

Aunque la definición de autenticidad se da según el contexto en el que se sitúe, me gustaría que se entendiera en este espacio, como el proceso de ir despojandose del miedo a ser rechazado o estar en tela de juicio, por expresar lo que me hace diferente. De manera que en este contexto, la tendencia sería el gran rival de la autenticidad, la responsable del temor y productora de la inercia en los seres humanos.

J. Antonio Briones

miércoles, 17 de marzo de 2010

SER PADRES UTILIZANDO LA COMUNICACIÓN NO VIOLENTA


Este es un articulo traducido de Marshall B. Rosenberg, realmente muy bueno e ilustrador para los que somos papás, disfrutenlo.

Hace treinta años que enseño la Comunicación No Violenta a padres de familia. Deseo compartir con ustedes algunas de las cosas que han sido útiles, tanto para mí como para los padres de familia con los que he trabajado, así como algunas de las comprensiones intuitivas que he tenido acerca de la hermosa y desafiante tarea de ser padres.


En primer lugar, deseo llamarles la atención respecto al peligro de la palabra “niño”, si le permitimos que connote una clase de respeto distinta a la que le daríamos a una persona a la que no se le pone la etiqueta de “niño”. Déjenme explicarles a qué me refiero.

En los talleres de trabajo para padres que he realizado a través de los años, generalmente comienzo dividiendo el grupo en dos. Pongo a uno de los grupos en un salón y al otro grupo en uno diferente. A cada grupo le doy la tarea de escribir en una hoja de papel un diálogo entre ellos y otra persona en una situación conflictiva. A ambos grupos les digo cuál es el conflicto. La única diferencia es que a un grupo le digo que la otra persona es su hijo(a) y al segundo grupo le digo que la otra persona es su vecino.

Al terminar reunimos ambos grupos y leemos las diferentes hojas de papel en las que se esboza el diálogo que los grupos tendrían, en un caso con su hijo(a) y en el otro con su vecino. (Entre paréntesis, no he permitido que los dos grupos comenten entre ellos quién es la persona en su situación, así que ambos grupos piensan que la situación es la misma.)

Después de que los participantes han tenido la oportunidad de ver lo que ambos grupos han escrito, les pregunto si pueden ver una diferencia en términos del grado de respeto y compasión demostrado. Cada vez que he hecho esto, los participantes consideraron que el grupo que estaba trabajando con la situación en que la otra persona era su hijo(a) tenía menos respeto y compasión en su comunicación que el grupo que vio a la otra persona como su vecino. Esto revela de manera dolorosa a los participantes en estos grupos cuán fácil es deshumanizar a alguien con sólo pensar en él o ella como nuestro “hijo(a)”.

Un día tuve una experiencia que realmente hizo que fuera más consciente del peligro de pensar en la gente como niños. Esta experiencia se produjo después de un fin de semana en el que trabajé con dos grupos: una banda de pandilleros y los miembros de un departamento de policía. Yo era el mediador entre ambos grupos. Había habido considerable violencia entre ambos y me pidieron que hiciera de mediador. Después de haber pasado tanto tiempo con ellos, enfrentando la violencia que había entre ambos grupos, me encontraba agotado. Mientras iba de camino a casa me dije que nunca más en mi vida quería estar en medio de otro conflicto.

Y, por supuesto, cuando entré a casa por la puerta trasera, mis tres hijos estaban peleando. Les expresé mi dolor en la forma que proponemos en la Comunicación No Violenta. Les dije cómo me sentía, cuáles eran mis necesidades y cuáles eran mis peticiones. Lo hice de la siguiente manera, les grité: “Cuando escucho todo lo que está sucediendo me siento extremadamente tenso! ¡Tengo una imperiosa necesidad de paz y quietud después del fin de semana que he pasado! Y quiero saber si ustedes están dispuestos a darme unos momentos de tranquilidad”.

Mi hijo mayor me miró y me dijo: “¿Te gustaría hablar al respecto?” Y en ese momento lo deshumanicé en mi pensamiento. ¿Por qué? Porque me dije: “Qué simpático. Aquí está un niño de 9 años tratando de ayudar a su papá”. Pero me tomé un momento para mirar más a fondo de qué manera yo estaba menospreciando su oferta a causa de su edad, porque le había puesto la etiqueta de “niño”. Afortunadamente vi lo que estaba sucediendo en mi cabeza. Tal vez lo pude ver más claramente porque el trabajo que había estado haciendo entre la pandilla y la policía me había mostrado el peligro de pensar en los demás en términos de etiquetas en vez hacerlo en términos de su humanidad.

Así que, en vez de verlo como un niño y pensar “qué simpático”, vi a un ser humano que estaba rescatando a otro ser humano que estaba sufriendo y le dije en voz alta: “Sí, me gustaría hablar al respecto”. Y los tres me siguieron a otra habitación y me escucharon mientras abría mi corazón a lo doloroso que fue ver que las personas pueden llegar al punto de desear dañar a los demás sólo porque no han aprendido a ver la humanidad del otro. Después de hablar durante cuarenta y cinco minutos me sentí maravillosamente bien y, si mal no recuerdo, pusimos música y bailamos como locos durante un rato.

Así que no estoy sugiriendo que dejemos de usar palabras tales como “niño” para hacer saber a los demás que nos estamos refiriendo a personas de una cierta edad. Me refiero a las ocasiones en que permitimos que etiquetas tales como esta nos impidan ver a los demás como seres humanos, de una manera que nos lleva a deshumanizar a las otras personas debido a lo que nuestra cultura nos enseña acerca de los “niños”. Permítanme mostrarles un ejemplo de lo que les estoy diciendo, de la manera en que la etiqueta “niño” nos puede llevar a comportarnos de una manera desafortunada.

De la manera en que me enseñaron a concebir lo que significaba ser padre, yo pensaba que la tarea del padre era hacer que el hijo se comportara bien. Lo ven, una vez que uno se define como una autoridad, un padre o un maestro, en la cultura en que fui educado uno cree que su responsabilidad es hacer que las personas a las cuales uno les puso la etiqueta de “niño” o “alumno” se comporten de cierta manera.

Ahora veo que este objetivo sólo conduce al fracaso, porque he aprendido que cada vez que nuestra meta es hacer que la otra persona se comporte de cierta manera, generalmente la gente se resiste, sea lo que sea que uno les esté pidiendo. Esto parece ser verdad, ya sea que la persona tenga dos o noventa y dos años.

Este objetivo de obtener lo que queremos de los demás o de hacer que hagan lo que queremos, amenaza la autonomía de las personas, su derecho a elegir lo que quieren hacer. Y cuando la gente siente que no es libre de elegir lo que quiere hacer, tiende a resistirse, aún cuando ve el propósito de lo que le pedimos y generalmente desearía hacerlo. Nuestra necesidad de proteger nuestra autonomía es tan fuerte que si vemos que alguien está decidido a hacer que hagamos algo, si esa persona actúa como si supiera qué es lo que debiéramos hacer y no nos permite decidir cómo comportarnos, suscita nuestra resistencia.

Estoy eternamente agradecido a mis hijos por haberme educado acerca de las limitaciones resultantes del hecho de tener como objetivo el hacer que los demás hagan lo que uno quiere. Ellos me enseñaron que, en primer lugar, yo no podía obligarlos a que hicieran lo que yo quería. No podía obligarlos a hacer nada. No podía obligarlos a que guardaran un juguete en el lugar que le correspondía. No los podía obligar a tender sus camas. No los podía obligar a comer. Ahora, para mí, como padre, esa fue una lección humillante: aprender que no tenía poder, porque de alguna manera se me había metido en la cabeza que mi trabajo como padre era hacer que mis hijos se portaran bien. Y aquí estaban estos niños pequeños enseñándome esta humillante lección: que no los podía obligar a hacer nada. Todo lo que podía hacer era hacerlos desear que me hubieran obedecido.

Y cuando era lo suficientemente tonto como para lograrlo, para hacerlos desear que me hubieran obedecido, ellos me enseñaron una segunda lección acerca de la tarea de ser padre y del poder, una lección que a través de los años me ha sido muy valiosa. Y esa lección fue que, cada vez que los hice desear que me hubieran obedecido, ellos me hacían desear que nunca los hubiera hecho desear que me hubieran obedecido. La violencia engendra más violencia.

Me enseñaron que todo uso de fuerza coercitiva de mi parte invariablemente crearía resistencia de su parte, lo que nos llevaría a tener una conexión caracterizada por la animadversión. Yo no quiero tener ese tipo de conexión con ningún ser humano, particularmente no con mis hijos, no con los seres humanos más cercanos a mí mismo y de los cuales soy responsable. Así que mis hijos son las últimas personas con las que quiero meterme en esos jueguitos coercitivos en los cuales el castigo desempeña un papel importante.

Este concepto de castigar es fervorosamente recomendado por la mayoría de los padres. Los estudios indican que alrededor del 80 % de los padres estadounidenses creen firmemente en el castigo corporal de los hijos. Este es más ó menos el mismo porcentaje de la población que cree en la pena muerte para los criminales. Así que, como hay un porcentaje tan alto de la población que cree que el castigo es algo justificado y necesario en la educación de los niños, a través de los años he tenido amplia oportunidad de discutir este tema con padres de familia y me alegra ver cómo a las personas se les puede ayudar a ver las limitaciones de cualquier tipo de castigo si tan sólo se hacen dos preguntas a sí mismas.

Pregunta número uno: ¿Qué es lo que quiero que mi hijo haga de manera diferente? Si nos hacemos solamente esta pregunta, ciertamente puede parecer que el castigo a veces da resultado porque, ciertamente, usando la amenaza del castigo o impartiéndolo, algunas veces podemos influir a un niño para que haga lo que queremos.

Sin embargo, cuando añadimos una segunda pregunta, de acuerdo a mi experiencia los padres ven que los castigos nunca dan resultado. La segunda pregunta es: ¿Cuáles queremos que sean las razones del niño para actuar tal como queremos que lo haga? Es esta pregunta la que nos ayuda a ver que los castigos no sólo no dan resultado, sino que además impiden que nuestros hijos hagan las cosas por las razones que quisiéramos.

Ya que frecuentemente se usa el castigo y se justifica su uso, los padres sólo se pueden imaginar que lo opuesto de castigar es una cierta clase de permisividad en la que no hacemos nada cuando se comportan de maneras que no están en armonía con nuestros valores. Por lo tanto, los padres sólo pueden pensar: “Si no castigo, entonces dejo de lado mis valores y permito que el niño haga lo que quiera”. Tal como les comentaré más adelante, existen otros métodos fuera de la permisividad (o sea dejar que las personas hagan lo que quieran) o de las tácticas coercitivas tales como el castigo. Y, mientras estoy hablando de esto, quiero comentarles que premiar es tan contraproducente como castigar. En ambos casos estamos usando el poder sobre las personas, controlando el medio ambiente de una manera que trata de forzar a las personas a comportarse como queremos que lo hagan. En este sentido premiar y castigar provienen de la misma manera de pensar.

Existe otro método fuera de no hacer nada o de utilizar tácticas coercitivas. Requiere tener conciencia de la sutil pero importante diferencia entre tener como objetivo el lograr que las personas hagan lo que queremos (lo cual no preconizo) y tener en claro que nuestro objetivo es crear el tipo de conexión necesaria para que las necesidades de todos sean satisfechas.

Ya sea que nos estemos comunicando con niños o con adultos, ha sido mi experiencia que, cuando vemos la diferencia entre estos dos objetivos y no estamos tratando de lograr que una persona haga lo que queremos sino que estamos tratando de crear una conexión caracterizada por la consideración mutua, por el respeto mutuo, una conexión en la cual ambos lados piensan que sus necesidades son importantes y están conscientes de que sus necesidades y el bienestar de la otra persona dependen la una de la otra, es asombroso cómo los conflictos que parecen no tener solución se resuelven fácilmente.

Ahora bien, el tipo de comunicación que está en juego en la creación de la clase de conexión necesaria para que las necesidades de todos sean satisfechas es muy diferente del tipo de comunicación usada si estamos utilizando métodos coercitivos para resolver los desacuerdos con los niños. Requiere que haya un cambio, que dejemos de evaluar a los niños en términos moralistas tales como correcto o incorrecto, bueno o malo y que adoptemos un lenguaje basado en las necesidades. Necesitamos ser capaces de decir a nuestros hijos si lo que están haciendo está en armonía con nuestras necesidades o en conflicto con ellas, pero hacerlo de una manera que no suscite en el niño culpa o vergüenza. Decir: “Cuando te veo golpeando a tu hermano tengo miedo, porque tengo la necesidad que las personas de mi familia estén a salvo” en lugar de decir: “Está muy mal que golpees a tu hermano”. O quizá requiera que cambiemos: “Eres un perezoso por no limpiar tu cuarto” por “Me siento frustrado cuando veo que la cama no está tendida, porque realmente tengo la necesidad de cooperación para mantener la casa en orden”.

Este cambio en la manera de expresarnos, en el cual dejamos de clasificar el comportamiento de los niños en términos de lo que es correcto o incorrecto, bueno o malo y en vez de ello utilizamos un lenguaje basado en las necesidades, no es fácil para aquellos de nosotros a los que nuestros padres y maestros nos enseñaron a pensar en términos de juicios morales. También requiere la habilidad de estar conscientemente presentes con nuestros hijos y de escucharlos con empatía cuando están alterados. Esto no es fácil cuando, como padres, hemos sido entrenados para precipitarnos a aconsejar o a tratar de solucionar las cosas.

Así que cuando estoy trabajando con padres utilizamos situaciones que suelen surgir cuando un niño dice algo así como: “No le agrado a nadie”. Cuando un niño dice algo por el estilo, creo que necesita una conexión empática. Y con esto quiero decir un entendimiento respetuoso en donde el niño siente que le estamos prestando atención y realmente escuchamos lo que él o ella está sintiendo y necesitando. Algunas veces podemos lograr esto en silencio, demostrándoles con nuestra mirada que los acompañamos en su tristeza y en su necesidad de tener un tipo de conexión diferente con sus amigos. O quizá pueda requerir que le digamos en voz alta algo así como: “Me parece que te sientes triste porque no te estás divirtiendo con tus amigos”.

Pero muchos padres, al definir su papel como algo que los obliga a tratar de hacer felices a sus hijos en todo momento, cuando un niño expresa algo similar se precipitan a decir cosas tales como: “Muy bien, ¿pero te has fijado a ver si has hecho algo que quizás ha estado alejando a tus amigos?” O no están de acuerdo con su hijo y dicen: “No, eso no es cierto. Tú has tenido amigos en el pasado. Estoy seguro de que conseguirás nuevos amigos”. O le dan consejos: “Tal vez les agradarías más a tus amigos si les hablaras de otra manera”.

Pero no se dan cuenta de que, cuando sienten dolor, todos los seres humanos necesitan que los escuchen y les den empatía. Tal vez deseen recibir consejos, pero los quieren después de haber recibido esta conexión empática. Mis propios hijos me han enseñado esto con severidad: “Papá, por favor guárdate tus consejos a menos que te mandemos una petición escrita y firmada por un notario”.

Muchas personas creen que es más humano utilizar los premios que los castigos. Pero yo veo ambas cosas como un uso del poder sobre los demás y la Comunicación No Violenta está basada en el uso del poder junto con los demás. Y en el uso del poder junto con los demás intentamos ejercer una influencia, pero no a través del sufrimiento que les podemos causar si no hacen lo que nosotros queremos, ni tampoco a través de la manera en que los podemos premiar si lo hacen. Es un poder basado en la confianza y el respeto mutuos, lo que hace que las personas se abran y estén dispuestas a escuchar y aprender y a dar de buena voluntad, motivadas por el deseo de contribuir al bienestar mutuo, en vez de hacerlo impulsadas por el miedo al castigo o por la esperanza de ser premiadas.

Obtenemos este tipo de poder, el poder ejercido junto con las personas, cuando comunicamos con franqueza nuestros sentimientos y necesidades sin criticar al otro individuo de ninguna manera. Esto lo hacemos a través de ofrecer a los demás lo que nos gustaría que ellos hicieran de una manera tal que no suene como una exigencia o una amenaza. Y, como ya he dicho antes, también requiere que realmente esuchemos lo que los demás están tratando de comunicarnos, demostrando que realmente lo comprendemos en vez de precipitarnos a dar consejos o a tratar de solucionar las cosas.

A muchos padres esta forma de comunicación de la que hablo les parece tan diferente que dicen: “Comunicarme de esa forma no me parece natural”. Cuando lo escuché, yo acababa de leer algo que Gandhi escribió que decía: “No mezcles aquello que es habitual con aquello que es natural”. Gandhi dijo que a menudo se nos ha enseñado a comunicarnos y a actuar de maneras que no son naturales pero que son habituales, en el sentido de que, por diversas razones, en nuestra cultura se nos ha enseñado a hacerlo de esa manera. Esto me pareció muy cierto en lo que respecta a la forma en que se me enseñó a comunicarme con los niños. La forma en me enseñaron a comunicarme, juzgando las cosas como buenas o malas, correctas o incorrectas y el utilizando el castigo, era algo ampliamente usado y se me hizo habitual como padre. Pero yo no diría que algo es natural porque es habitual.

Aprendí que a las personas les resulta mucho más natural conectarse de una manera cariñosa, respetuosa y hacer las cosas motivadas por la alegría que sienten por el otro, en lugar de usar los castigos y los premios o el juicio y la culpa como métodos de coerción. Pero esta transformación requiere una gran cantidad de conciencia y esfuerzo.

Recuerdo una circunstancia que se produjo mientras yo estaba transformándome de una persona que se comunica con sus hijos a base de juicios en una persona que lo hace de la manera que ahora preconizo. Ese día mi hijo mayor y yo teníamos un conflicto y me estaba llevando mucho tiempo comunicarme de la manera que yo había escogido en lugar de hacerlo en la forma habitual. Casi todo lo que me venía a la mente eran comentarios coercitivos formulados como juicios de lo que él había dicho. Así que tuve que detenerme, respirar profundamente y pensar cómo podía ponerme más en contacto con mis propias necesidades y conectarme con las de él. Esto me estaba llevando mucho tiempo. El se estaba empezando a exasperar porque un amigo estaba esperándolo afuera y me dijo: “Papi, hablar te está llevando mucho tiempo”. Yo entonces le contesté: “Te voy a decir lo que puedo decir en corto tiempo: o lo haces a mi manera o te pateo el trasero”. El me respondio: “Tómate tu tiempo, papi. Tómate tu tiempo”.

Entonces, sí, prefiero tomar mi tiempo y comunicarme con mis hijos de la manera en que yo escojo hacerlo en lugar de responder habitualmente, tal como me han enseñado, cuando esa manera en realidad no está en armonía con mis propios principios. Desafortunadamente, a menudo vamos a recibir mucho más apoyo de aquellos que nos rodean cuando castigamos y juzgamos en vez de comportarnos de manera respetuosa con nuestros hijos.

Recuerdo una cena del día de Acción de Gracias en la yo estaba haciendo lo más que podía para comunicarme con mi hijo menor de la manera que recomiendo. No era fácil, porque me estaba poniendo a prueba la paciencia. Pero yo me estaba tomando mi tiempo, respirando profundamente, tratando de entender cuáles eran sus necesidades, tratando de entender las mías para poder expresarlas de manera respetuosa. Otro miembro de la familia, a quien se le había enseñado a comunicarse de una forma diferente, estaba observando la conversación entre mi hijo y yo y en un momento dado se me acercó y me susurró: “Si fuera mi hijo, yo haría que se arrepintiese de lo que está diciendo”.

He hablado con muchos padres que han tenido experiencias similares, los cuales, cuando han tratado de relacionarse con sus hijos de maneras más compasivas, en vez de obtener apoyo, a menudo han sido criticados. Muchas veces las personas entienden de manera incorrecta lo que estoy diciendo y lo interpretan como permisividad o como no dar a los hijos la guía que necesitan, en lugar de entender que es un tipo de guía diferente. Es una guía que proviene de una confianza mutua, no de una persona que está imponiendo su autoridad sobre la otra.

Uno de los resultados más desafortunados de tener como objetivo el lograr que nuestros hijos hagan lo que queremos en lugar de buscar que todos obtengamos lo que deseamos es que, con el tiempo, nuestros hijos oirán una exigencia cada vez que les solicitemos algo. Y, siempre que las personas oyen algo que les parece una exigencia, es difícil que presten atención al valor de lo que se les está solicitando porque, como dije antes, pone en peligro su autonomía y esa es una gran necesidad que todos tenemos. Las personas desean tener la libertad de hacer algo porque ellas lo deciden, no porque se las está obligando a hacerlo. En cuanto alguien escucha una demanda, se hace muy difícil llegar a una resolución que hará que las necesidades de todos sean satisfechas.

Por ejemplo, a mis hijos les asignamos diferentes tareas en el hogar. A mi hijo menor, Brett, quien entonces tenía doce años, se le pidio que sacara la basura dos veces por semana para que se la pudieran llevar los servicios de recolección de basura. Esto consistía sencillamente en sacar la basura que estaba debajo del fregadero de la cocina y ponerla en frente de la casa donde podía ser recogida. Todo este proceso se podía llevar a cabo en cinco minutos. Pero esto creó una batalla dos veces por semana, cada vez que era necesario sacar la basura.

Ahora bien, ¿cómo empezaba esta batalla? Generalmente empezaba con el simple hecho de mencionar su nombre. Yo decía: “Brett”. Pero por supuesto, de la manera en que yo lo decía él podía notar que ya estaba enojado porque yo había formado el juicio de que él no estaba haciendo lo que debería hacer. Y, aun cuando yo lo estaba llamando con un tono de voz lo suficientemente elevado como para que lo oyeran a dos cuadras de distancia, ¿qué es lo que él hacía para echar leña al fuego? Fingía no escucharme, aun cuando yo estaba en el cuarto de al lado. Entonces, ¿qué hacía yo? Por supuesto, me enojaba aún más y lo llamaba gritando más que la primera vez, para que no pudiera fingir que no escuchaba. ¿Y qué hacía él? Me contestaba: “¿Qué quieres?” Yo le decía: “La basura no está afuera”. A lo cual el me decía: “Eres muy perceptivo”. “Sácala afuera”, le decía yo. Y él me contestaba: “Más tarde”. Y yo exclamaba: “Eso dijiste la última vez y no lo hiciste”. Y él me contestaba: “Eso no significa que esta vez no lo haré”.

Observen toda la energía invertida en el simple hecho de sacar la basura, toda la tensión que causaba entre nosotros y todo porque en esa época yo creía que su responsabilidad era sacarla, que tenía que hacerlo, que era necesario que aprendiera a ser responsable. En otras palabras, se lo planteaba como una exigencia.

Si las personas piensan que serán castigadas o culpadas de algo por no hacer lo que se les pide, percibirán las peticiones como exigencias. Esta percepción elimina el placer que podrían sentir al hacer las cosas.

Una noche, cuando yo estaba empezando a entender las cosas, tuve una plática con Brett acerca de esto. Estaba empezando a ver de qué manera mi idea de que yo sabía qué es lo que era correcto, de que mi deber como padre era hacer que mis hijos se comportaran bien, era destructiva. Así que una noche platicamos acerca de la razón por la cual no sacaba la basura. Para ese entonces yo estaba empezando a aprender a escuchar mejor, a escuchar los sentimientos y necesidades que se encontraban por detrás del hecho de no hacer lo que le pedía. Y vi claramente que él tenía la necesidad de hacer las cosas porque él así lo decidía, no de hacerlas simplemente porque se lo estaba forzando a hacerlas.

Cuando vi esto le dije: “Brett, ¿cómo salimos de esta situación? Ahora sé que en el pasado he estado en realidad planteando exigencias, en el sentido de que cuando no hacías lo que te pedía, te juzgaba como a un miembro de la familia que no estaba cooperando. Así que, ¿cómo nos salimos de esta novela que los dos hemos creado y cómo podemos llegar a un punto en donde podemos hacer cosas el uno para el otro basados en un tipo de energía diferente? Y a él se le ocurrió una idea muy útil. Me dijo: “Papi, ¿qué te parece si, cuando no estoy seguro de si algo es una petición o una exigencia, te lo pregunto?” Y le dije: “¡Oye, me gusta esa idea! Eso me obligaría a detenerme, observar mis pensamientos y ver si realmente estoy diciendo ‘me gustaría que hicieras algo porque eso satisfacería mi necesidad, pero si está en conflicto con las tuyas me gustaría que me lo dijeras, entonces encontraremos la forma de lograr que las necesidades de todos sean satisfechas’”.

Me gustó su sugerencia de detenerme y realmente ver qué tipo de suposiciones yo estaba haciendo. Al día siguiente, antes de que él partiera hacia la escuela, tuvimos tres oportunidades de poner esto a prueba porque esa mañana tres veces le pedí que hiciera algo y cada vez me miró y me dijo: “¿Papá, es esa una petición o una exigencia?” Y, cada vez que yo observaba lo que estaba sucediendo en mi interior, veía que todavía era una exigencia. Aún tenía en la cabeza la idea de que él debería hacer lo que yo quería, de que esa era la única cosa razonable que él podía hacer. Y, si él no lo hacía, yo estaba preparado para volverme cada vez más coercitivo. Así que me resultaba útil que él me hiciera prestar atención a esto. Cada vez me detenía, me ponía en contacto con mis necesidades, trataba de oír las suyas y le decía: “Está bien, gracias. Esto me ayuda, era una exigencia y ahora es una petición.” y él podía sentir el cambio en mí. Y cada una de esas tres veces hizo lo que le pedía sin cuestionarlo.

martes, 16 de marzo de 2010

Escuchando el "Si" en el "NO"

"NO!" La temida palabra ha sido dicha. Le has pedido a tu hijo que haga algo razonable, como ponerse protector solar en un día caluroso y de sol, que lave sus manos antes de comer, que se ponga los zapatos antes de salir de la casa, que levante sus juguetes que dejó desparramados por el living, que se lave los dientes antes de dormir, que vaya a dormir.

Y, tu hijo de uno, dos, tres, cuatro o más años, tiene una mente independiente. Te encanta su inteligencia, su independencia cada vez mayor y su seguridad, su deseo de decidir lo que quiere y cuando. Pero te gustaría que sea razonable! Quisieras que hiciera, sin demasiadas complicaciones, lo que vos querés que haga.

Negociar el espacio entre lo que queremos y lo que nuestros niños quieren puede forzar nuestra paciencia y llevarnos al límite. Los libros de educación para padres dan fe de esto, ya que uno después de otro focalizan en cómo hacer que nuestros hijos hagan lo que queremos que hagan, sea a través de "disciplina efectiva", premios, castigos o diálogo.

La comunicación no violenta (CNV) ofrece una perspectiva y habilidades que permiten un acercamiento al diálogo más profundo y desarrollado que cualquier otro proceso que yo haya encontrado. La premisa que subyace en la CNV es que todas las acciones humanas son intentos para satisfacer nuestras necesidades humanas, entender y empatizar con estas necesidades crea confianza, conexión y, más ampliamente, paz. Esta premisa se traduce en un juego de herramientas para la comunicación muy práctico y concreto que aumenta nuestra habilidad para reconocer y empatizar con los sentimientos y necesidades propios y ajenos. Cuando usamos consistentemente (e incluso ocasionalmente) la CNV podemos crear conexión profunda, confianza y cooperación entre los miembros de todas las edades de una familia.

Un dialogo de CNV

Recientemente, una madre me escribió sobre un problema muy familiar para la mayoría de los niños menores de cinco años. Quería saber como podía enfrentar un "no" de su hija de 2 años sin recurrir a la fuerza. Describió la siguiente situación:

"A veces mi hija se niega a sentarse en la sillita del auto, y en ese caso nosotros la forzamos a hacerlo (*) . Este hecho se vincula con la protección de mi hija. Pero podría argumentarse que podríamos simplemente esperar y no ir a ningún lado en el auto hasta que podamos hablar con ella para que entre voluntariamente. Sin embargo, como la mayoría de la gente, siempre estamos a las corridas y esperar resulta muy raramente una opción práctica."

(*) En los EE.UU. existen leyes sobre el uso de sillas diseñadas para la seguridad de los niños de determinada edad y tamaño en los autos. Aquellos adultos que no las respeten se encuentran frente a importantes multas o penalidades.

Un dialogo de CNV puede o no ayudar a resolver este problema rápidamente, pero seguramente ayudará a la madre a tener la calidad de relación que ella quiere con su hija. Si elige tomarse un tiempo para conectar con su hija (lo cual a veces logra que las cosas se hagan más rápidamente) el dialogo sería algo así:

Madre: Ya es hora de ir a la casa del abuelo.
Hija: NO! NO! NO!
Madre: ¿Estás divirtiéndote con lo que estás haciendo y querés seguir haciendolo?(En lugar de escuchar el "no", la madre escucha a lo que la niña le está diciendo "sí", tratando de adivinar sus sentimientos-placer- y sus necesidades- jugar y elegir).
Hija: Si! Quiero seguir cuidando a las plantas!
Madre: Realmente te estás divirtiendo cuidando a las plantas?
Hija: Si!
Madre: Me encanta ver como te divertís. Pero estoy preocupada porque me gusta llegar a los lugares a la hora en que dije que iría.

(En lugar de volver con su propio "no" la madre expresa sus sentimientos y su necesidad de ser responsable).

Si queremos llegar a lo del abuelo a la hora en que le dije que llegaríamos es hora de salir. Te gustaría subirte a la sillita del auto ahora?(La madre termina con un pedido que permite que su hija sepa lo que la madre quiere en este momento y que le ayudaría a satisfacer sus necesidades).

Hija: No! Quiero seguir con las plantas!
Madre: Me siento confundida sobre qué hacer. Me encanta cuando haces cosas que te gustan, y también quiero hacer lo que dije que iba a hacer. (La madre esta mostrando que está preocupada por satisfacer ambas necesidades).
Estarías dispuesta a subirte a la sillita en cinco minutos así podemos llegar allá pronto? (La mamá ofrece una estrategia que tal vez satisfaga ambas necesidades, otra vez en forma de pregunta.)

Hija: Está bien.

También podría no ser tan fácil...

Hija: NO! Yo no quiero ir! Me quiero quedar en casa!

Madre: Estás MUY frustrada ahora? VOS querés elegir lo que querés hacer? (Mamá conecta con su hija mostrando que entiende y acepta las emociones intensas de su hija y su necesidad de autonomía.)

Hija: Si! Yo quiero seguir regando y cuidando a las plantas!

Madre: Aha. Me siento triste porque quiero armar programas que funcionen para todos. ¿Te gustaría pensar conmigo en algo que funcione para las dos en este momento? (Nuevamente, la madre expresa su cuidado para encontrar una solución que satisfaga ambas necesidades y llega a esta estrategia que también puede satisfacer las necesidades de su hija de elegir y tener autonomía)

Hija: Está bien.

Dependiendo de la edad de la hija, las estrategias para satisfacer las necesidades de todos, pueden venir del padre con un feedback del hijo, o de ambos. Mi hijo comenzó a plantear estrategias para satisfacer las necesidades de todos antes de los 3 años, a menudo algunas novedosas y funcionales en las cuales nosotros no habíamos pensado. Incluso si el niño dice "no" en esta etapa, la CNV continúa ofreciendo opciones para el dialogo que profundizan nuestra conexión. Con experiencias repetidas que dan al niño confianza en que los adultos respetan sus necesidades tanto como las propias, rápidamente comenzará a desarrollar mayor capacidad para considerar las necesidades del otro y actuar en consecuencia.

Satisfacer necesidades como la base de estrategias

Usando la CNV, hacemos foco en cómo satisfacer todas nuestras necesidades, a veces posponiendo decisiones hasta que hayamos hecho una conexión con el otro que será la base de la solución. Habiendo conectado, padre e hijo trabajando en la situación de la sillita del auto pueden tener una gran variedad de estrategias, dependiendo en cuáles necesidades están mas vivas para ellos. La madre puede darse cuenta que puede satisfacer su necesidad de ser responsable llamando al abuelo y posponiendo la cita para una hora después. Ella puede elegir satisfacer su necesidad de consideración expresando sus sentimientos y necesidades más apasionadamente y buscando ser entendida por su hija. O puede conectar con sus necesidades de armonía y tranquilidad y elegir cambiar de planes. Si se cambian los planes en un claro intento por satisfacer las necesidades de todos, esto es distinto a claudicar a los caprichos del niño.

Conectar con las necesidades del niño puede crear otras estrategias. La niña puede tener una necesidad intensa de jugar, que puede satisfacerse armando un plan sobre lo que podría hacer cuando lleguen a la casa del abuelo. Puede tener una poderosa necesidad de autonomía, que puede satisfacerse pidiéndole que ella decida cuando está lista. También tiene la necesidad de contribuir con la vida de otros. Si la madre encuentra una manera de expresar sus propios sentimientos y necesidades y hacer pedidos claros a su hija, puede ayudar a la hija a conectar con la necesidad intrínseca de contribuir con otros y así entrar en la sillita del auto resulta una elección del niño en vez del resultado de una lucha de poder que ha perdido.

En ambos casos, cuando la madre insiste con honestidad expresando sus sentimientos y necesidades y empatizando con los sentimientos y necesidades de su hija, madre e hija desarrollarán las habilidades que necesitan para encontrar estrategias que funcionen para ellas a lo largo de sus vidas.

¿Que diferencia tiene el escuchar un "si"?

Cuando nuestros niños dicen "no" y nosotros escuchamos "no", nos quedamos con dos opciones insatisfactorias. O nos acomodamos a sus "no" o nos contrariamos. Cuando elegimos transformar los "no" de nuestros hijos en una comprensión del "sí" que está detrás ganamos en una mejor comprensión de lo que motiva las acciones de nuestros hijos, necesidades que son compartidas por todos los seres humanos.

Al entender a nuestros hijos más profundamente, generalmente nos sentimos más conectados con ellos y ellos con nosotros. La gente que está conectada tiene una capacidad mayor para pensar creativamente en estrategias para satisfacer sus necesidades, extender nuestra buena voluntad hacia el otro, y ejercitar más paciencia y tolerancia cuando sus necesidades no son satisfechas en el momento. En mi familia, esto no significa que resolvemos todo fácilmente. Pero sí significa que casi siempre nutrimos nuestra conexión a través de estos diálogos, y que confiamos en el otro profundamente con nuestros sentimientos y necesidades. Esta es la cualidad de relación que quiero con mis hijos y con mi pareja.

Cambiar nuestras respuestas a los "no" de nuestros hijos significa, en parte, dejar el poder que tenemos sobre nuestros hijos a través de renunciar a (o al menos reducir) nuestros propios "no" hacia ellos. Esto significa estar dispuesto a abandonar nuestro apego a las estrategias, a partir de una comprensión de nuestras necesidades y las de nuestros hijos. Esto implica focalizar en la naturaleza de la relación que queremos tener con nuestros hijos, lo que queremos enseñarles, y para qué clase de mundo queremos prepararlos.

Pero usar la CNV no significa resignar satisfacer nuestras necesidades! Nuestras profundas necesidades humanas importan, y tenemos herramientas poderosas para satisfacerlas: expresar nuestros sentimientos y necesidades apasionadamente, y aprender a identificar qué es lo que queremos que satisfaga nuestras necesidades sin un costo para nuestros hijos. Sin culpar, avergonzar, o pedir obediencia podemos satisfacer nuestras necesidades conectando con nosotros mismos y con nuestros hijos.

Hay un peligro al hacer pedidos a nuestros hijos en lugar de demandas o ultimatums; ellos pueden simplemente decir "no", y podemos pensar que debemos aceptarlo. Por supuesto, no hemos perdido mucho, porque nuestros hijos dicen "no" con frecuencia a nuestras demandas! Que placer, entonces, descubrir que escuchando el "sí", ganamos la libertad de no tener que tomar un "no" como respuesta. Podemos usar un "no" (de nuestros hijos, nuestras parejas, de nosotros mismos) como el comienzo de un rico dialogo que puede acercarnos y movernos en la dirección de la satisfacción de todas nuestras necesidades.

© por Inbal Kashtan 2003

Este artículo aparece en la publicación de Inbal Kashtan "Parenting from Your Heart: Sharing the Gifts of Compassion, Connection, and Choice" (PuddleDancer Press, 2003). Inbal Kashtan es la coordinadora del Proyecto de Educación para Padres del Centro para la Comunicación No Violenta. Vive con su familia en California, EEUU. Por mayor información sobre su publicación y sobre el Proyecto de Educación para Padres del CNVC, consultar en www.cnvc.org

EL TERREMOTO INTERNO Y SUS REPLICAS

   El terremoto producido en Chile hace ya dos semanas, a sacudido nuestras vidas trayendo destrucción, dolor, angustias y caos. Hay cientos de muertos, miles sin hogar, junto con un gran numero de personas removidas ne su armonia psiquica. Probablemente estemos comenzando a vivir una serie de replicas en diferentes dimenciones de nuestras vidas, una de ellas es la vida emocional.


   Probablemente un evento como este deje un huella muy grande en nuestras vidas, una huella que podemos querer olvidar pronto, o bien, podemos aprovechar para aprender y crecer personalmente. Nuestra naturaleza humana es fragil y cuando nos vemos envueltos por una situación que no podemos controlar en lo más minimo, nos sentimos sobrepasados y temerosos, volvemos a sentirnos vulnerables. Sin embargo, las respuestas que tenemos para estos sucesos son muy diversas. Se han mostrado personas con una respuesta extraordinaria de entereza y solidaridad, evidenciando un liderazgo comunitario, que se ha destacado con participación de algunas personas que se han hecho presente y brindando servicios voluntariamente, en estos momentos por lo que atraviesa Chile.

   Estas personas han contagiando sus virtudes de una manera notable a otros, propagando un valor que nos revindica como especie.

   Por otro lado, en las zonas en donde fue más intenso el movimiento telurico las personas han sido glopeadas de una manera muy fuerte. Hay muchas personas fallecidas, desaparecidas, otras heridas y otras han perdido sus casas y pertenencias. La realidad concreta es la que ha cambiado bruscamente y su realidad psicologica, pero se estan adecuado de una manera increiblemente rapida. Ya estan organizandose sin detenerse y ayudan a aquellos que les es más dificil levantarse. Se puede decir que la naturaleza les ha puesto en jaque, como a nuestros antepasados prehistoricos “adaptarse o morir” parece ser el lema de ellos. Y por supuesto, que queda muchisimo trabajo por hacer que tendra más de alguna complicación pero estan movilizados por salir adelante. Se ha producido tambien en muchas personas que estan a mayor distancia del epicentro, que han vivido más esta situación por el remezon de los medios de comunicación como la televisión y la radio,  pero a la distancia, son los que se les ha manifestados más estados de ansiedad y angustia, pese ha haber estado en un lugar seguro y protegido. Sera que la discordancia entre los sucesos fisicos y la asimilación unicamente cognitiva al estar aisladas se generan quiebres en nuestra psique.... bueno, yo creo que si.

   Sea como sea, este terremoto ha hecho que las personas resignifiquen su vida, sus familias, sus relaciones, sus trabajos, etc. En fin, hay una vuelta a las prioridades vitales. Esta situación limite nos ha devuelto a lo nuestro, a nuestra vida, a lo importante.

   Como anécdota y experiencia personal, despues del terremoto y ya reestablecidas las lineas telefonicas, me llamarón muchisimas personas que no tenia noticias de ellas desde hace mucho tiempo y por mi parte tambien llame a varias más para saber como se encontraban, por si necesitaban algo o simplemente para compartir nuestras experiencias. Se podría decir, que pese a todo el daño que ha causado este evento, tambien ha tenido un efecto paradojico positivo, de reanudación de relaciones y reaparición de viejas amistades. En fin rescato y destaco el mecanismo natural que se nos activa en las situaciones de emergencia. El cariño, los afectos y el hacernos presentes en estos momentos entre los seres queridos, nos facilita el camino a la reparación psicologica y emocional, pese a la inestabilidad de la tierra, la estabilidad del afecto nos sana y nos permite afirmarnos para seguir adelante.

   A fin de cuentas se me vuelve a confirmar que las fortalezas de los seres humanos son las interacciones que establecemos con otros, el apoyar a que otros sean como son y aceptarlos y disfrutarlos así, criar a nuestros hijos en el respeto y la expresión de autenticidad, fortalecer las relaciones interpersonales por la empatia, ayudar a otros a hacercarse a sus sensaciónes sentidas o encontrarle sentido y significacion a estas y seguir construyendo futuro por medio del fortalecimiento del presente.

   La base en donde se apoya lo humano, lo que nos de la estabilidad emocional y la salud mental y subsecuentemente fisica, es el cariño, los afectos y sobre todo el estar presente, fisica y emocionalmente. Estos aspectos hacen que a pesar de lo dificil que pueda ser una situación, siempre haya esperanza y optimismo.

   Y si nuestra base en un plano fisico es la tierra, sabemos que al trabajarla, cultivarla removerla abonarla y plantarla, permite que salgan muchisimos frutos y mucha vida, brindandonos ademas un cierto nivel de estabilidad en sus ciclos.

   Tal vez, al igual que en la agricultura, tengamos que hacer lo mismo con nuestras relaciones e interacciones, abonarlas con empatia, libertad, afectos y presencia. Permitiendo que desde la autenticidad de cada uno salgan nuevos frutos y mucha vida, permitiendonos desarrollarnos, realizarnos y ser felices a traves de todo nuestro camino, pese a las adversidades que encontremos.

¿QUIÉN ESTÁ VIVIENDO TU VIDA?

"El texto a continuación es de John Amodeo. A mi parecer describe muy claramente lo que quiero comunicar en este blog. Disfrutenlo."   

   Para muchas personas, reconocer que no todo en su vida va bien, que no son tan felices y llenos de sentido como podrían llegar a ser. Puede ser el comienzo de su camino a vivir una vida más feliz plena y con mayor sabiduría.

   Muchas veces resulta difícil darse cuenta de esto, sobre todo si lo que nos rodean está conspirando en silencio para convencernos de que "todo es estupendo". Sin embargo, esta sencilla constatación puede convertirse en una importante entrada hacia una dimensión sorprendentemente llena de sentido, vitalidad y felicidad. El simple reconocimiento de que, por lo menos en cierto sentido, estamos insatisfechos, o de que podríamos ser más felices en nuestra vida y en nuestras relaciones, puede ser el camino hacia esa realización y esa paz mental a las que tenemos derecho por haber nacido.

   Nuestra sociedad hipertensa y despersonalizada nos da muy poco apoyo para que nos tomemos un tiempo para comprendemos en el grado que sería necesario para poder vivir una vida auténticamente feliz. La educación formal que recibimos se olvida de enseñarnos habilidades para desarrollar un amor y una intimidad duraderas. Además, muy pocos de nosotros han crecido en un hogar que impulsara la capacidad de conocer nuestros propios sentimientos, comunicarlos de forma satisfactoria y escuchar atentamente la experiencia de otros.

   Arrastrando con pesadumbre esta falta de destrezas, necesarias para iniciar y mantener relaciones satisfactorias, las personas van creciendo con ciertas carencias. Por desgracia, son ellos entonces, los deficientemente educados, los que se convierten en padres, profesores y líderes de las siguientes generaciones. Y así se perpetúa el círculo.

   Como verán, la clave esencial para tener relaciones satisfactorias es ser consciente de lo que quieres y aceptar que tengan que ocurrir ciertos cambios dentro de ti mismo, para poder describir con realismo tus deseos y preferencias. Cumplir esto requiere la habilidad de entenderte a ti mismo, dando importancia a los sentimientos y necesidades que se encuentran en lo más profundo de tu esencia como ser humano. Si aprendes a contactar y respetar estos sentimientos genuinos, sin pararte a criticarlos, castigarlos o lanularlos, podrás comenzar a caminar de forma natural, hacia dimensiones del amor e intimidad mucho más enriquecedoras. De todas formas, antes de comenzar, puede serte útil darte cuenta de hasta qué punto has estado perdiendo contacto contigo mismo y con tus sentimientos y necesidades más genuinas.

El proceso de perder el contacto con nosotros mismos

   Desde nuestro nacimiento, dependemos en gran medida de los demás. La criatura humana depende de sus padres para sobrevivir durante un período de tiempo más largo que otras especies. Y también va quedando cada vez más patente que los niños dependen en gran medida de sus padres para desarrollarse emocionalmente. La falta de contacto emocional positivo provoca frustración, ansiedad y retraimiento, así como una mayor dificultad para progresar sin problemas hacia los siguientes estadios del crecimiento.

   Como el niño es incapaz de comunicar sus numerosas necesidades físicas y emocionales, muchas de ellas caen en un saco roto. Todos los padres han experimentado la frustración de no saber qué es lo que quiere su bebé cuando está llorando. Además, los padres, por muy perfectos que sean, seguramente no pueden satisfacer todas las múltiples demandas a las que se ven sometidos. Como resultado de esto, el niño experimenta el terror periódico de encontrarse completamente solo, aislado, vulnerable y la rabia periódica hacia el mundo por no satisfacer todas sus necesidades.

A medida que el niño pequeño se va haciendo mayor, la necesidad de amor y pertenencia continúa siendo primordial. Como el niño depende completamente de sus padres para satisfacer sus necesidades, los deseos y opiniones de éstos se convierten en lo más importante. Esta confianza básica en la buena voluntad de los padres muestra hasta dónde llega el poder que padres y otras figuras relevantes ostentan sobre el niño. La posibilidad de no gustar o no ser querido es una perspectiva terrorífica para un niño indefenso. La desaprobación es vivida como un rechazo doloroso. Y un rechazo continuo puede llegar a experimentarse como una negación hacia el propio derecho básico de existir, a no ser que el niño se "adapte" o se "porte bien".

Como es incapaz de quedarse solo, como individuo independiente, la sensación de bienestar del niño depende de la valoración y el apoyo de los demás. La falta de aprobación o el castigo puede propinar un golpe terrible a su autoestima y a su desarrollo mental. La afectividad retenida le creará una ansiedad enorme, porque el niño luchará desesperadamente por poder sentir amor y aprobación. Una constante desaprobación puede llevar al niño a una depresión profunda, porque abandonará la esperanza. Estos ciclos de ansiedad y desesperación pueden constituir la base de un patrón de conducta de frustración que, si no se resuelve, puede persistir a lo largo de toda la vida adulta.

    Las actitudes, sentimientos y acciones van formándose poco a poco a través de los deseos y las demandas de los adultos más significativos, especialmente los padres. Como el niño no posee la capacidad de tolerar el rechazo continuo, tiene que aprender a adoptar actitudes y conductas que están aceptadas y a eliminar aquellas que conlleven una posible condena. Por ejemplo, muchas personas de nuestra sociedad, especialmente mujeres, han aprendido que enfadarse no está permitido, expresar ira les ha llevado a ser castigadas o excluidas. De la misma forma, a muchos hombres se les ha enseñado que sentirse tristes o dolidos es un signo de debilidad y por tanto, es incorrecto. Mensajes de este estilo, repetidos frecuentemente, inducen al vulnerable niño a buscar maneras de evitar esos sentimientos prohibidos; aprender a “endurecerse” en un mundo que está definido por los adultos. Al poco tiempo, con una habilidad admirable para adaptarse a las hostiles demandas del entorno, el joven aprende no solamente a no sentir, sino incluso a no expresar emociones e impulsos que puedan desagradar a las personas más significativas para él.

   Para que esta estructura adaptativa quede asegurada, adoptamos una serie de ideas que refuerzan y sirven de justificación para reprimir nuestros sentimientos. Por ejemplo, si se nos ha enseñado persistentemente que "sólo los bebés lloran", o que sólo los niños malos se enfadan, cuando comencemos a experimentar estos sentimientos, los reprimiremos a través del poder recientemente adquirido que nos confieren los pensamientos y las creencias autocríticas. Estas cogniciones crean una voz interna que nos dice cómo comportarnos y cuándo hemos de "controlarnos". El desarrollo de este "diálogo interno" controlador o de este "crítico interno", unido a una coraza muscular o contracciones en todos los tejidos de nuestros cuerpos, es el precio que pagamos por satisfacer nuestra necesidad imperiosa de aceptación y aprobación. Si se nos ha enseñado a negar el enfado, por ejemplo, entonces, en las situaciones en las que éste sería la respuesta humana más natural (como cuando nos sentimos pisados, oprimidos o ignorados por otros), podemos caer en una tristeza introvertida o una depresión. De pequeños, esto puede ir acompañado de pensamientos como "soy un chico malo si me enfado" o "si se enteran, me pegarán". De adultos, estos pensamientos se harán más sofisticados y complejos. Por ejemplo, podemos decirnos: "Estoy siendo demasiado sensible. No debería reaccionar de forma tan fuerte" o "no vale la pena trastornarse por esto" o "es imposible tratar a estas personas nunca me comprenderán". Como resultado de estas racionalizaciones, nuestro impulso corporal natural de expresar el enfado se reprime agarrotando la vitalidad, produciendo culpabilidad y reforzando la autoimagen de que tiene que haber algo malo en nosotros. Con el tiempo, esto puede provocar una depresión crónica, en la que nuestros sentimientos se encuentran literalmente "metidos a presión" dentro de nosotros y nos sentimos desesperanzados, paralizados, aletargados o insegu-ros de nosotros mismos.

   Otro patrón típico que surge como resultado de negar nuestros sentimientos verdaderos, consiste en enmascarar un miedo o una tristeza encubierta con enojo o con un estoico control emocional. Los hombres "verdaderos", por ejemplo, se enfadan, pero, al igual que John Wayne o Clint Eastwood, jamás sienten miedo, aunque las balas pasen silbando al lado de sus oídos. Cuando se dan circunstancias que normalmente elicitarían temor o dolor, surge una reacción inmediata de cólera que levanta una cortina de humo protectora contra emociones más comprometidas. Por ejemplo, al contemplar nuestras vidas, en vez de reconocer ansiedad, arrepentimiento o insatisfacción, acusaremos a nuestra esposa de no haber satisfecho todas nuestras necesidades, como si fuera responsabilidad suya. O nos aislaremos de los demás fingiendo estar excesivamente preocu¬pados por nuestro bienestar.

   Este tipo de persona aprende a evitar los sentimientos más blandos convirtiéndose en un "tipo duro" o lo que expresamos irónicamente como "todo un señor responsable". Se presentan como ejecutivos con carrera ascendente, que piensan que la vida es una lucha solitaria por la supervivencia. Pedir ayuda se ve como una debilidad; necesitar apoyo es embarazoso y amenazante. Un ejemplo de la encamación más sutil de este deseo de controlar sentimientos son los animosos "expertos" que dan cursos de fin de semana, pensando que uno puede crear su propia realidad con el poder que le da el tener las ideas claras.

   Como temen la dependencia, estas personas mantienen la separación a través de una postura que los psicólogos denominan "contradependencia". Dicho en otras palabras, hay tanto miedo a necesitar a alguien o a ser dependiente, que la persona reacciona creando unas creencias y unos comportamientos que le proporcionan una distancia "segura" de los demás.

    La necesidad de aceptación y apoyo se admite sin problemas en la infancia; sin embargo, no solemos reconocer con tanta claridad que nuestra vulnerabilidad emocional no ha terminado al llegar a la edad adulta. Todavía deseamos ser queridos. Todavía nos afectan mucho las opiniones que tengan los demás de nosotros. Todavía queremos ser amados, aceptados y formar parte del grupo.

    El mercado publicitario es muy consciente de esta vulnerabilidad adulta. Aprovechándose y explotando nuestro deseo frustrado de amor y aprobación, las empresas elaboran audazmente anuncios y persuasivas campañas televisivas que atacan a nuestros miedos e insatisfacciones. Aconsejados por psicólogos organizacionales, las empresas llenan los medios de comunicación. con mensajes que nos cuentan qué es lo que necesitamos para ser aceptados, bien vistos o exitosos: con sólo adquirir el último tipo de pasta de dientes, cigarrillos, pantalones o coches, obtendremos por fin el amor, la aprobación o la realización sexual que siempre hemos deseado. Solemos pensar que estamos por encima de estos intentos de manipulación de la publicidad; pero si esto fuera cierto, las empresas no gastarían millones cada año en convencernos de que compremos su producto. Hay un producto para cada insatisfacción concebible. Y si nos entra un dolor de cabeza por intentar decidir qué comprar, también hay un producto que cubre esta necesidad.

    Al hacernos mayores, una especie de inteligencia interna nos va guiando hacia la supervivencia y lejos de la amenaza. Nuestro carácter se va estabilizando poco a poco de forma que nos permite pasar por encima de las emociones y evitar aquellas experiencias que puedan encontrar rechazo. Aprendemos actitudes y conductas que aumentan la probabilidad de ser queridos y respetados por los demás. Los patrones de personalidad quedan firmemente establecidos a una edad temprana y, a partir de ahí, nos vamos olvidando oportunamente de todo aquel proceso que nos ha llevado hasta este triste estado de aislamiento de nuestros verdaderos sentimientos y necesidades. "Yo soy así", nos decimos muchas veces. Y realmente, así es cómo nos hemos vuelto, obligados por las fuerzas de nuestro entorno, que están muy lejos de nuestro control. Al haber sucumbido a ellas, ya no vivimos nuestras propias vidas. Hemos perdido la comunicación con lo más profundo de nuestras emociones verdaderas, y hemos perdido el contacto con aquellas cosas de la vida que son realmente importantes para nosotros. No es de extrañar que estemos confusos y frustrados, inseguros de lo que queremos realmente y desconcertados respecto a la forma de encontrar la paz mental que deseamos. Nuestra sensibilidad emocional y, tal vez, la supervivencia física nos han hecho abandonarnos.

    El cambio positivo comienza con la constatación realista de que, en vez de vivir plenamente nuestra vida, estamos llevando el tipo de vida que otros nos han obligado a adoptar. Podemos re-conectar con esa fuente latente de sentido y satisfacción, si somos conscientes de que nos hemos introducido de forma lenta e inconsciente en un acuerdo tácito con la sociedad. Al darnos cuenta de que nos hemos puesto todos de acuerdo para permanecer bajo el dominio de unas reglas rígidas, unos roles sociales opresores y una forma comúnmente aceptada de sentir y comportarnos, podremos empezar a encontrar una salida a esta situación tan triste. A partir de aquí, en vez de continuar perpetuando un estilo de vida que no permite el contacto con nuestros verdaderos sentimientos, necesidades e intereses, podremos comenzar a sentirnos más libres y vivos a través del primer paso de palpar y valorar cómo nos sentimos realmente.

    Muchas personas acceden finalmente a enfrentarse a esta falta de contacto con ellos mismos, tras haber fracasado al intentar afrontar un evento traumático o una serie de desilusiones seguidas. Un cambio estresante de trabajo, una enfermedad repentina, la pérdida de un ser querido, una separación o una amenaza de divorcio pueden revelar la pobreza de nuestras defensas en las que tanto confiábamos. Esperanzas rotas, frustraciones repetidas o miedos recurrentes pueden provocar un desmoronamiento de las viejas creencias en las que se basaba nuestra percepción estable de la realidad. El resultado es un período en el que nos encontramos entre dos maneras de ver la vida temporalmente, habremos perdido pie. Tendremos que aceptar de mala gana que la antigua imagen que teníamos de nosotros mismos y nuestra sensación de realidad, es inadecuada para combatir la crisis que estamos teniendo ahora mismo.

    Este doloroso período puede llegar a ser muy creativo si permitimos que nuestras defensas, que antaño fueron tan necesarias, permanezcan inactivas, y afrontamos valientemente nuestra situación actual. Será entonces, cuando en vez de evitar la crisis o luchar por controlar las cosas a través del poder de nuestra voluntad, podremos aprovechar esta etapa para explorar aquellos sentimientos y significados que pueden haber sido demasiado temibles como para enfrentarnos directamente a ellos, pero que, sin embargo, ahora son necesarios para explorar y crecer.

   La llegada de una crisis difícil no es el único impulso que recibimos en el proceso de crecimiento personal. Podemos optar por ocuparnos de nuestras vidas antes de que insatisfacciones más pequeñas se vayan acumulando hasta formar una situación de emergencia. En cualquier caso, los pasos positivos se van desplegando a medida que aprendemos a “acompañar” a nuestro permanente proceso interno. Si nos abrimos a lo real de nuestras vidas, nos sentiremos más cómodos siendo nosotros mismos.

    Podremos llegar a sentir que cada etapa que atravesamos en nuestro camino hacia el autodescubrimiento, es un avance hacia una menor tensión interior, un conflicto interpersonal más leve y una mayor sensación de libertad y felicidad. Al permitirnos escuchar, comprender y expresar los sentimientos que afloran, desarrollaremos una relación de aceptación hacia todo lo que somos realmente. Nos daremos cuenta de que sentimientos que antaño eran temibles o amenazantes contienen una integridad y sabiduría que nos pueden llevar hacia puntos positivos. El resultado es que comenzaremos a sentirnos cada vez más vivos y auténticos. A medida que nos vayamos liberando más y más de nuestros condicionantes históricos, comenzaremos a vivir nuestras propias vidas y encontraremos puntos en común con otras personas que están creciendo de forma parecida. Las posibilidades de desarrollar una intimidad viva y espontánea se nos abrirá entonces de una forma tan profunda como nunca antes lo hubiéramos imaginado.